Cuelgo un relato que escribí hace ya tiempo, de temática erótica. Como todo lo que se escribe esta apoyado en la realidad, sin ser verdad todo lo que se cuenta, la historia era un poco más rocambolesca y menos creíble por eso el maquillaje, pero el andamiaje es real, existe esta persona y acabamos de esta manera. Recuerdo al posible lector que lo mío son los carboncillos, no la literatura.
Otro día más que me levantaba con hambre de carne, últimamente suele ser de lo más común. Llevaba casi diez años follando por lo menos un par de veces a la semana, por eso estos dos últimos meses han sido tan duros. Algo simple si que soy para algunas cosas.
No me apetece salir por ahí a conocer chicos, no quiero tener una pareja, pero las necesidades son las necesidades, a veces soy afortunado y las cosas me llegan, y esta semana por duplicado.
El jueves sonó el teléfono demasiado pronto, tenía que levantarme a las nueve aquel trasto infernal comenzó a chillar a las siete y media. Logré contestar sacando la voz de lo más hondo de mis tejidos. Era el técnico del ordenador, la cita era para mañana pero si no tenía inconveniente vendría esa mañana. Le dije que si a todo, mientras me tocaba la polla durísima de primera hora. Se me quedo como un eco su voz, y su manera de llamarme por mi nombre, que me estremeció, ese Felipe retumbando en los recuerdos buscando su ubicación. Me quede al calor de las mantas fantaseando mientras me seguía tocando. Una fantasía de peli porno en la imaginación, la voz mientras no terminaba de encajar en ningún lugar. El timbre me saco de las elucubraciones. Me calce los vaqueros poniéndome la polla hacia abajo para disimular la erección.
Al abrir la puerta, sorpresa:
- ¡Jordi! – La voz encajaba ahora con su cara.
- ¡Coño, Felipe!
Me deje abrazar, su olor hizo que la erección fuese más terrible. Ese olor me transporto directamente a los tiempos del instituto, en que yo estaba terriblemente enamoriscado de mi mejor amigo, Jordi., pasamos el final de la niñez y el principio de la adolescencia juntos, no tanto como yo hubiera deseado entonces. Compartimos los primero cigarros, las primeras copas y las primeras pajas. Su olor era característico, al entrar en algún sitio lo impregnaba, un olor animal de hormona y sudor limpio que me ponía realmente cachondo.
- Pasa, pasa, yo te hacía en Madrid en tu obra de teatro.
- Bueno… la obra se acabó y como no salía nada y mi padre ha cortado el grifo…
- Es que tenemos ya una edad…
- Eso me dice, jeje
- Un café?.- “O una mamada?” pienso.
Nunca llegamos a tener sexo, sólo en una ocasión estuvimos a punto de hacer algo, Los dos borrachísimos y el acabo con los calzoncillos por los tobillos con la polla dura como una piedra y yo apunto de chupársela. En aquel entonces yo me debatía contra mi mismo y mi homosexualidad, no quería que me gustasen los chicos y no hice nada. Me arrepentí creo, en le mismo momento, pero el ya dormía con el pito al aire. No recordaba como la tenia, pero si el olor, olía a el mismo pero mas concentrado.
Al fin se me baja la erección y logro mear, se me cruza como un relámpago su imagen sudoroso masturbándose a mi lado y recuerdo el sabor de su semen que recupere del pañuelo en que se limpio una vez que se fue a su casa, amargaba.
Me lo encuentro frente a las fotos del salón mientras reiniciaba el ordenador.
-¿Recuerdas a Mar?
-La bruta aquella…
-Antes de que sigas… es mi novia
Rubor en la mejillas.
-¿Tu sigues con Marc?
-Mmm.. es cierto que llegaste a conocerle en Barcelona. ¿fue la última vez que nos vimos?.
El momento más duro de mi amistad con el fue el reconocerle que era homosexual. Tras casi comerle el rabo el se distancio un poco hasta que discutimos y yo en un alarde de autoreafirmación le dije algo asi como que era maricón pero que el casi me la mete en la garganta. Desde ese día deje de luchar contra mis sentimientos y hasta el día de hoy no ha habido mas conflicto. A partir de ese día también, empezamos a ir de cacería juntos, yo antes me negaba. Fueron nuestros primeros bares de ambiente a los que entrábamos con carnés falsos, bueno lo que en nuestra inocencia eran carnés falsos, el portero hacia vista gorda a nuestras fotocopias chapuceramente modificadas. Compartimos todo lo que eran nuestras vidas hasta la universidad en que nos separamos.
Recordamos algunas cosillas, todas inocentes, primera toma de contacto. Tuve que cortarlo.
-Me tengo que ir, tengo una cita con el editor.
-No te preocupes tengo curro para rato por lo que he visto.
En la ducha me toquetee un rato, me imagine saliendo en toalla y después a Francisco, el editor esperando mientras yo me corría en el pecho peludo de Jordi, de repente su cabeza asoma entre las cortinas.
-Oye, tengo que bajar a por unos cds, esperas un poco…
-Vale.- Otra vez rubor.
-Bonita polla… -Se fue riendo.
Me termine corriendo antes de que volviera
-Tío, te dejo unas llaves aquí encima por si necesitas bajar o lo que sea. Adios.
-Adeu.
Metí la llave imaginando a Jordi totamente desnudo esperándome encima del sofá o que se hubiera llevado las llaves por despiste y tuviera que volver a devolvérmelas. A veces es bueno follarse los recuerdos. Seguro que no hace falta decir que ni una cosa ni otra, la esperanza es lo último que se pierde, pero encontré una nota con su extraña caligrafía, me costo un rato descifrarla, me decía que el ordenador estaba ya sano y la red funcionaba perfectamente, que dejara de bajarme películas porno, la factura ascendía a una invitación para cenar el viernes (guau) para celebrar el encuentro. Quise como no, encontrar más falsos indicios, me empalme pergeñando posibles situaciones.
No quise preparar nada demasiado elaborado, todo como muy improvisado pero todo estaba preparadísimo. Hice pizzas y compre el mejor vino y en el último momento retire las velas, sin mariconadas.
-Esto me recuerda a nuestras cenas adolescentes, que bueno.
Recordamos muchas cosas, el día que perdimos la virginidad, el mismo día, no atinábamos con los nombres de nuestros iniciadores. Recordamos a los profesores y los compañeros y todas aquellas cosas que eran el mundo cuando se es adolescente. Según vaciábamos las botellas de vino la conversación se iba acercando al momento actual, le conté que trabajo de ilustrador y que mis cuadros cada día me convencen menos, el me tranquilizó diciéndome que seguro que eso sentía Picasso cada vez que iba a mutar, el me contaba que era feliz siendo actor pero que le resultaba muy dura la incertidumbre y no estaba convencido de valer. Me toco pues, tranquilizarle ahora. Me palpitaba el corazón, estábamos en ese momento en que en una cita con un posible amante intentas acercarte y rozarle con los labios, pero me tuve que conformar con llenarle otra vez la copa, y le dije que lo que peor llevaba en estos momentos era la castidad.
-Yo también tengo los huevos llenos.
-Tu novia no te folla, o que?
-Bueno, es que lo hemos dejado…
-Con lo bueno que estas no te faltaran pretendientes.- Sentí una vergüenza al descubrirme coqueteando con el, demasiado evidente.
-¿Crees que estoy bueno?
Si esta pregunta me la hubiese hecho hace unos años mi respuesta hubiese sido más contundente que ahora, le hubiera dicho que era el hombre más sensual de la tierra o una ñoñez por el estilo, hoy os puedo decir que es muy guapo, moreno ojos y pelo azabache, una sonrisa blanquísima enmarcada en una mandíbula cuadrada, de cuerpo proporcionado, espalda ancha terminada en un culo redondo y lleno, no demasiado grande, abarcable con una mano. Piernas de futbolista como columnas y su olor como ya os he repetido hasta la saciedad. Un poco bajito, pero no deja de ser una ventaja totalmente manejable.
-Si, claro. –Fui conciso, bendito vino.- ¿y yo?
-También, nos conservamos bien, eh?- Me dio un codazo.
Estaba en tensión, ¿ataco, no ataco?. Más vino en las copas. La conversación se desvió, hasta llegar a un incomodo silencio en el cual me dedique a volver a llenar las copas de vino mientras se me vaciaba la polla de sangre.
-Sabes me da vergüenza pedirte una cosa.- Me dijo.
-Pide, pide. –Qué sea un polvo, pensé para mi mismo, otra vez erecto.
-Un polvo.
-¿Eh?- Me quede muerto, aunque vosotros lo estabais esperando desde la primera frase.
-Si, es que no sé.
-Pero… pero…
-No sé por donde empezar, creo que estoy enamorado de mi director de la obra de teatro, realmente estamos en un descanso por que nos vamos de gira, por eso he vuelto aquí… Es tan especial y me consta que le gusto, porque tontea conmigo, no quería ser su amante, se supone que me van las tías y estaba con Mar, por esa razón la he dejado. Me ha costado mucho ser sincero conmigo mismo, no se si es porque me parece una gran persona, porque le idolatro, porque le quiero, estoy hecho un lío…
-¿Y entonces el polvo conmigo?, no entiendo nada…
-Para saber si soy capaz… me empalmo cuando el me toca, como cuando me gusta una chica, pero no sé si voy a ser capaz de acostarme con el, tengo tantas dudas… De echo si estoy aquí es porque un poco lo he buscado… no soy técnico, vi tu nombre en la ficha de un amigo que es quien debía haber venido…
-¡Qué cabrón!
-Contigo será más fácil salir de dudas, ¿tu nunca has dudado?. No sé hace mucho que no me enamoraba como un colegial.
-Esto… Yo te gusto…
-Mira.- Pone mi mano sobre su bragueta, durísima.- Creo que cuando me he dado cuenta, y he quitado los prejuicios… y creo también que…
No le dejo hablar más, le beso, le meto la lengua lo mas profundo que puedo mientras le levanto la camiseta, me separo lo justo para quitarme la mía. Su pecho peludo me excita aun más, mis fosas nasales se abren a su olor animal que aumenta. Bajo la mano de su pezón hasta donde antes el me la ha puesto, bajo la cremallera y meto la mano. El esta quieto, no se mueve pero se deja hacer. Vamos enganchados hasta la cama, donde me despojo de los pantalones y el hace lo mismo, se sienta y me baja el mismo los pantalones, parece que se ha despertado. Le veo como lame mi verga dura sin atreverse a metérsela en la boca, le digo que espere, que se hace así, le saco la suya por la abertura de sus bóxer, y le digo que observe, lamo el frenillo, pongo mis labios recubriendo los dientes y le miro para que se quede como se hace, me la meto, me cabe toda, tiene un pene tirando a pequeño, grueso pero corto, a mi me da igual mientras se pueda disfrutar con el. Le digo que ahora le toca a el, cuidado con los dientes. Lo hace bien, terriblemente bien, cuidado le tengo que volver a decir, me dice que no le cabe toda y le explico como ser “garganta profunda” aun así no puede abarcarme entero. Nos tumbamos y nos comemos las pollas mutuamente, le busco su culo para comérmelo, se lo explico.
Su culo sin pantalones es aun mejor, terso y jugoso, su ano esta cerrado de miedo lamo, y se pone mas rosadito y empieza a relajarse, el intenta comérmelo igual, voy introduciendo un dedo con cuidado, le pido que me lubrique con su saliva el encantado lo chupa con cuidado y me da el suyo para seguir mis pasos. “Eso que notas es mi próstata, es genial jugar con ella” , le digo, le enseño dos dedos y el los humedece, “buen alumno”, se los introduzco a la vez, todo va bien. Le coloco a cuatro patas y le masturbo, brevemente para que crezca su excitación y quite el miedo, esta temblando levemente, así que también le susurro, “te va a gustar que te folle, cabrón” su polla me responde con un latido, me preparo el condón y el lubricante, recto es estrecho, virginal, me excita pensar que soy su primer hombre, ya veis el estúpido orgullo masculino, se la meto hasta el fondo y el grita de la impresión, “más, más” me pide. Voy bombeando, poco a poco y el me dice que más, me lo pide por favor, voy subiendo la intensidad hasta que el gime exageradamente alto, berrea, yo me asusto pero sigo a lo mío, creo que se ha corrido así que yo voy a hacer lo propio me corro dentro, orgasmo fuerte, de dos meses de contención.
Caemos rendidos y aunque quiero preguntarle mil cosas nos dormimos, dos horas después me despierta.
-¡Qué pasada!, como me ha gustado, sentir tu pollón (supongo que lo llama así comparándolo con el suyo), en mi culo ha sido total, no me he tenido ni que tocar para correrme.
-Eres buen alumno.-Me rio tontamente.
-Te falta la última lección profe, me tienes que dejar tu culo….-Me dice agarrándome de los huevos.
-Encantado… pero vuelve a chupármela zorra, que lo haces bien.
Volvemos a excitarnos al máximo el uno al otro, menos mal que no hemos dormido mucho sino estaríamos resacosos.
-Sujétame las piernas en tus hombros.-No se lo dije pero así como estábamos en ese momento me lo había imaginado muchas veces cuando me hacia pajas de jovenzuelo.
-Así.-Me decía mientras me masturbaba torpemente.
-Espera tigre, toma un condón y el lubricante.
-¿Así?, despacito ¿verdad?
Yo iba sintiendo y sonriéndole mucho, que tierno, comencé a sentir su polla dentro de mi, tuve ganas de decirle más pero me daba cuenta que ya la había metido del todo. Estoy muy mal acostumbrado a miembros más grandes. Pero lo hizo también que acabe gimiendo como un loco, el segundo orgasmo es siempre mejor.
Me costo dormirme mucho , le miraba en las primeras luces del sábado, se había arrebujado en mi pecho. Le acaricie la cara lentamente, echando de menos un amor, unas caricias, fantasee esta vez con una pareja… me quede dormido llorando y aún medio borracho.
A la mañana siguiente Jordi estaba muy feliz, desayuno abundantemente y me dio muchas veces las gracias, nos duchamos juntos tirándonos de los prepucios como cuando éramos más jóvenes, nos abrazamos bajo la ducha, como amigos.
-Qué vicio tienes Felipe!- Me estremecí al oír mi nombre.
Bajo lentamente y me la comió hasta que me corrí en su boca, yo le cogí por detrás, “para que me notes” le dije y no me viese llorar, se la menee hasta que su semen salpico la pared del baño. Después de la comida, se vistió y se fue feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, me dio de nuevo las gracias, me dijo que se iba en busca del amor, me dejo con el corazón un poco mas solitario y más roto. Fui a la ducha y lamí su lefa un poco seca en la pared, y amargaba.
domingo, 30 de agosto de 2009
Cuando hace más de un año...
... que todo ha pasado, aún sigo con esta sensación de ser nuevo en esta ciudad. Cuando hace mas de un año que nadie es compañero de vida tengo la sensación de no ser libre del todo.
Llevo un año lleno de trabajo, dos a falta de uno, pongo copas y las dibujo para otros. Un año luchando por editar y meditar sobre los escritos de Alfredo que heredé, todo son largas, aunque ya este firmado el borrador del contrato, nada es seguro. Me gusta mi libertad, pero a veces cansa que nadie te despierte soplándote la oreja.
Lo peor es sentirme como hace un año, vacío y con todo por hacer. Me siento desnudo en mi cocina escribiendo algún relato, o leo alguno de mis miles de papeles o de los de Alfredo, tengo que salir de esta rueda de nostalgia. Al ir a por algo con que remojar la garganta (la sequedad que provocan los recuerdo) a veces veo a Imanol, mi vecino de enfrente, gracias al mismo calor que yo sufro, puedo verle a veces en calzoncillos y camiseta, a veces solo en calzoncillos, partiendo sandía o bebiendo leche. Me quedo mirandole, detrás de las cortinas, apagando la luz para parapetarme en las sombras. Me gusta, ver como sonríe cuando Emma su compañera de piso entra a hablar con él. Es mi fantasía sin realizar. Un anhelo de futuro me recorre la espina dorsal. Cuando coincidimos en la calle me sonríe y me saluda con su voz ronca y profunda.
Imanol no duerme bien, o no del todo, porque en mis innumerables noches de insomnio le veo deambular por la cocina, o abrir la ventana de su habitación, no puedo apartar mis ojos de él, no es el mejor cuerpo pero produce en mi sacudidas y erecciones. Es sexual por todos los lados. Busca el también el sosiego mirando más allá de su habitación, con su desnudez mal disimulada entre las sombras. Tiemblo con su voz estentórea que dice mi nombre en algún sitio tan prosaico como la carnicería.
Le conozco desde el instituto, al que iba cuando viví una temporada en esta casa con mi abuelo. Imanol no resaltaba por nada especial, ni en sus notas, ni en sus amistades, solo estaba allí, estudiaba en la misma biblioteca que yo por las tardes. Nuestra grado de intimidad fue nulo, pero un día sin saber porque me gustó. Así que de nuevo me muevo por la rueda del recuerdo, de las falsas ilusiones. En el año que viví en esta casa, cuando los colores estaban ausentes y mi abuelo dormía en la habitación del fondo, también le miraba, también abría las ventanas como ahora y le veía compartir su cocina con su madre. Parece que no lo han movido del sitio, cuando abre la ventana veo a aquel adolescente con patillas y demasiado alto, al que yo le decía muy bajito "Vuela Imanol, vuela lejos que te hacen la vida imposible, vuela lejos de esta mala obra de teatro", porque desde esta ventana mi abuelo y yo veíamos como le gritaban y le menospreciaban, como le hacían infeliz, historias que no quiero rememorar, cuando cesaban los gritos tras el portazo final, mi abuelo sentenciaba "Sólo las mulas niegan su familia" y cerraba la ventana, "dando por concluido este sainete", por eso relaciono a Arniches con mi abuelo, los dos son uno en mi recuerdo.
Hoy espero iluminarse la cocina, miro si la ventana de su cuarto se abre, me he decidido hacer la prueba salir de esta inmovilidad que dan los tranquilizantes y el trabajar demasiadas horas seguidas. Salir de esta intranquilidad que da la falta de sexo. Dar un paso, acabar comiendo la polla a Imanol o ser rechazado, cualquiera de las dos me sirve para dejar de vislumbrar una posibilidad llegada de la ventana de enfrente. Quizá quien deba salir volando de este monólogo sea yo, debería volverme a Barcelona donde me esperan más amigos que pasados remotos e imperfectos, volver a pasear por las calles que me tranquilizan en vez de tragar las tabletas de tres en tres. Pero sé que no es el momento, por ahora espiaré hasta ver las nalgas de Imanol pasear de arriba a abajo, intentando olvidar un amor o trazar un posible futuro.
Acabo de volver de mi escondite tras la vieja cortina, hoy estaba completamente desnudo, no quiero que nadie caiga en el error de imaginarse a un Heracles de cuerpo perfecto. Imanol es alto, algo desgarbado pero emana sensualidad, sus miembros largos, delgados y tostados me llaman tanto... Cuando era adolescente me masturbaba mirandole desde mi ventana, hasta que un día mi abuelo me pillo, me miro fijamente y luego miró a través del cristal, seguro que vio al adolescente de anchas patillas pero sólo dijo, "No te apures" y me sonrió. No volví a hacerlo, sentía una vergüenza que sólo se puede sentir a esa edad, pero desde ese momento mi abuelo me trato de otro modo, era más afectivo y en sus últimos días me preguntaba si no había algún chico que me gustase. Sólo más adelante comprendí tanta comprensión, pero esa es otra historia y para otro día.
El tema, este chico, no sé si es gay o no, si voló pero ha vuelto, no sé nada sólo que me obsesiona un poco y llena mis largas noches de verano con sueños húmedos y chirriantes. Me vuelvo obtuso cuando alguien me gusta, pero me vuelvo peor cuando me gusta de esta manera tan absurda, me gusta más por el misterio, me gusta por la distancia y la desinformación. No sé si quiero que me despierte soplando mi oído o si deseo que me espere desnudo en la ducha, sólo sé que es un reto y que debo superarlo para continuar y romper este año estridente y lleno de pretérito.
Llevo un año lleno de trabajo, dos a falta de uno, pongo copas y las dibujo para otros. Un año luchando por editar y meditar sobre los escritos de Alfredo que heredé, todo son largas, aunque ya este firmado el borrador del contrato, nada es seguro. Me gusta mi libertad, pero a veces cansa que nadie te despierte soplándote la oreja.
Lo peor es sentirme como hace un año, vacío y con todo por hacer. Me siento desnudo en mi cocina escribiendo algún relato, o leo alguno de mis miles de papeles o de los de Alfredo, tengo que salir de esta rueda de nostalgia. Al ir a por algo con que remojar la garganta (la sequedad que provocan los recuerdo) a veces veo a Imanol, mi vecino de enfrente, gracias al mismo calor que yo sufro, puedo verle a veces en calzoncillos y camiseta, a veces solo en calzoncillos, partiendo sandía o bebiendo leche. Me quedo mirandole, detrás de las cortinas, apagando la luz para parapetarme en las sombras. Me gusta, ver como sonríe cuando Emma su compañera de piso entra a hablar con él. Es mi fantasía sin realizar. Un anhelo de futuro me recorre la espina dorsal. Cuando coincidimos en la calle me sonríe y me saluda con su voz ronca y profunda.
Imanol no duerme bien, o no del todo, porque en mis innumerables noches de insomnio le veo deambular por la cocina, o abrir la ventana de su habitación, no puedo apartar mis ojos de él, no es el mejor cuerpo pero produce en mi sacudidas y erecciones. Es sexual por todos los lados. Busca el también el sosiego mirando más allá de su habitación, con su desnudez mal disimulada entre las sombras. Tiemblo con su voz estentórea que dice mi nombre en algún sitio tan prosaico como la carnicería.
Le conozco desde el instituto, al que iba cuando viví una temporada en esta casa con mi abuelo. Imanol no resaltaba por nada especial, ni en sus notas, ni en sus amistades, solo estaba allí, estudiaba en la misma biblioteca que yo por las tardes. Nuestra grado de intimidad fue nulo, pero un día sin saber porque me gustó. Así que de nuevo me muevo por la rueda del recuerdo, de las falsas ilusiones. En el año que viví en esta casa, cuando los colores estaban ausentes y mi abuelo dormía en la habitación del fondo, también le miraba, también abría las ventanas como ahora y le veía compartir su cocina con su madre. Parece que no lo han movido del sitio, cuando abre la ventana veo a aquel adolescente con patillas y demasiado alto, al que yo le decía muy bajito "Vuela Imanol, vuela lejos que te hacen la vida imposible, vuela lejos de esta mala obra de teatro", porque desde esta ventana mi abuelo y yo veíamos como le gritaban y le menospreciaban, como le hacían infeliz, historias que no quiero rememorar, cuando cesaban los gritos tras el portazo final, mi abuelo sentenciaba "Sólo las mulas niegan su familia" y cerraba la ventana, "dando por concluido este sainete", por eso relaciono a Arniches con mi abuelo, los dos son uno en mi recuerdo.
Hoy espero iluminarse la cocina, miro si la ventana de su cuarto se abre, me he decidido hacer la prueba salir de esta inmovilidad que dan los tranquilizantes y el trabajar demasiadas horas seguidas. Salir de esta intranquilidad que da la falta de sexo. Dar un paso, acabar comiendo la polla a Imanol o ser rechazado, cualquiera de las dos me sirve para dejar de vislumbrar una posibilidad llegada de la ventana de enfrente. Quizá quien deba salir volando de este monólogo sea yo, debería volverme a Barcelona donde me esperan más amigos que pasados remotos e imperfectos, volver a pasear por las calles que me tranquilizan en vez de tragar las tabletas de tres en tres. Pero sé que no es el momento, por ahora espiaré hasta ver las nalgas de Imanol pasear de arriba a abajo, intentando olvidar un amor o trazar un posible futuro.
Acabo de volver de mi escondite tras la vieja cortina, hoy estaba completamente desnudo, no quiero que nadie caiga en el error de imaginarse a un Heracles de cuerpo perfecto. Imanol es alto, algo desgarbado pero emana sensualidad, sus miembros largos, delgados y tostados me llaman tanto... Cuando era adolescente me masturbaba mirandole desde mi ventana, hasta que un día mi abuelo me pillo, me miro fijamente y luego miró a través del cristal, seguro que vio al adolescente de anchas patillas pero sólo dijo, "No te apures" y me sonrió. No volví a hacerlo, sentía una vergüenza que sólo se puede sentir a esa edad, pero desde ese momento mi abuelo me trato de otro modo, era más afectivo y en sus últimos días me preguntaba si no había algún chico que me gustase. Sólo más adelante comprendí tanta comprensión, pero esa es otra historia y para otro día.
El tema, este chico, no sé si es gay o no, si voló pero ha vuelto, no sé nada sólo que me obsesiona un poco y llena mis largas noches de verano con sueños húmedos y chirriantes. Me vuelvo obtuso cuando alguien me gusta, pero me vuelvo peor cuando me gusta de esta manera tan absurda, me gusta más por el misterio, me gusta por la distancia y la desinformación. No sé si quiero que me despierte soplando mi oído o si deseo que me espere desnudo en la ducha, sólo sé que es un reto y que debo superarlo para continuar y romper este año estridente y lleno de pretérito.
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