domingo, 30 de agosto de 2009

Cuando hace más de un año...

... que todo ha pasado, aún sigo con esta sensación de ser nuevo en esta ciudad. Cuando hace mas de un año que nadie es compañero de vida tengo la sensación de no ser libre del todo.

Llevo un año lleno de trabajo, dos a falta de uno, pongo copas y las dibujo para otros. Un año luchando por editar y meditar sobre los escritos de Alfredo que heredé, todo son largas, aunque ya este firmado el borrador del contrato, nada es seguro. Me gusta mi libertad, pero a veces cansa que nadie te despierte soplándote la oreja.

Lo peor es sentirme como hace un año, vacío y con todo por hacer. Me siento desnudo en mi cocina escribiendo algún relato, o leo alguno de mis miles de papeles o de los de Alfredo, tengo que salir de esta rueda de nostalgia. Al ir a por algo con que remojar la garganta (la sequedad que provocan los recuerdo) a veces veo a Imanol, mi vecino de enfrente, gracias al mismo calor que yo sufro, puedo verle a veces en calzoncillos y camiseta, a veces solo en calzoncillos, partiendo sandía o bebiendo leche. Me quedo mirandole, detrás de las cortinas, apagando la luz para parapetarme en las sombras. Me gusta, ver como sonríe cuando Emma su compañera de piso entra a hablar con él. Es mi fantasía sin realizar. Un anhelo de futuro me recorre la espina dorsal. Cuando coincidimos en la calle me sonríe y me saluda con su voz ronca y profunda.

Imanol no duerme bien, o no del todo, porque en mis innumerables noches de insomnio le veo deambular por la cocina, o abrir la ventana de su habitación, no puedo apartar mis ojos de él, no es el mejor cuerpo pero produce en mi sacudidas y erecciones. Es sexual por todos los lados. Busca el también el sosiego mirando más allá de su habitación, con su desnudez mal disimulada entre las sombras. Tiemblo con su voz estentórea que dice mi nombre en algún sitio tan prosaico como la carnicería.

Le conozco desde el instituto, al que iba cuando viví una temporada en esta casa con mi abuelo. Imanol no resaltaba por nada especial, ni en sus notas, ni en sus amistades, solo estaba allí, estudiaba en la misma biblioteca que yo por las tardes. Nuestra grado de intimidad fue nulo, pero un día sin saber porque me gustó. Así que de nuevo me muevo por la rueda del recuerdo, de las falsas ilusiones. En el año que viví en esta casa, cuando los colores estaban ausentes y mi abuelo dormía en la habitación del fondo, también le miraba, también abría las ventanas como ahora y le veía compartir su cocina con su madre. Parece que no lo han movido del sitio, cuando abre la ventana veo a aquel adolescente con patillas y demasiado alto, al que yo le decía muy bajito "Vuela Imanol, vuela lejos que te hacen la vida imposible, vuela lejos de esta mala obra de teatro", porque desde esta ventana mi abuelo y yo veíamos como le gritaban y le menospreciaban, como le hacían infeliz, historias que no quiero rememorar, cuando cesaban los gritos tras el portazo final, mi abuelo sentenciaba "Sólo las mulas niegan su familia" y cerraba la ventana, "dando por concluido este sainete", por eso relaciono a Arniches con mi abuelo, los dos son uno en mi recuerdo.

Hoy espero iluminarse la cocina, miro si la ventana de su cuarto se abre, me he decidido hacer la prueba salir de esta inmovilidad que dan los tranquilizantes y el trabajar demasiadas horas seguidas. Salir de esta intranquilidad que da la falta de sexo. Dar un paso, acabar comiendo la polla a Imanol o ser rechazado, cualquiera de las dos me sirve para dejar de vislumbrar una posibilidad llegada de la ventana de enfrente. Quizá quien deba salir volando de este monólogo sea yo, debería volverme a Barcelona donde me esperan más amigos que pasados remotos e imperfectos, volver a pasear por las calles que me tranquilizan en vez de tragar las tabletas de tres en tres. Pero sé que no es el momento, por ahora espiaré hasta ver las nalgas de Imanol pasear de arriba a abajo, intentando olvidar un amor o trazar un posible futuro.

Acabo de volver de mi escondite tras la vieja cortina, hoy estaba completamente desnudo, no quiero que nadie caiga en el error de imaginarse a un Heracles de cuerpo perfecto. Imanol es alto, algo desgarbado pero emana sensualidad, sus miembros largos, delgados y tostados me llaman tanto... Cuando era adolescente me masturbaba mirandole desde mi ventana, hasta que un día mi abuelo me pillo, me miro fijamente y luego miró a través del cristal, seguro que vio al adolescente de anchas patillas pero sólo dijo, "No te apures" y me sonrió. No volví a hacerlo, sentía una vergüenza que sólo se puede sentir a esa edad, pero desde ese momento mi abuelo me trato de otro modo, era más afectivo y en sus últimos días me preguntaba si no había algún chico que me gustase. Sólo más adelante comprendí tanta comprensión, pero esa es otra historia y para otro día.

El tema, este chico, no sé si es gay o no, si voló pero ha vuelto, no sé nada sólo que me obsesiona un poco y llena mis largas noches de verano con sueños húmedos y chirriantes. Me vuelvo obtuso cuando alguien me gusta, pero me vuelvo peor cuando me gusta de esta manera tan absurda, me gusta más por el misterio, me gusta por la distancia y la desinformación. No sé si quiero que me despierte soplando mi oído o si deseo que me espere desnudo en la ducha, sólo sé que es un reto y que debo superarlo para continuar y romper este año estridente y lleno de pretérito.

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