sábado, 28 de junio de 2008

Hundido


Ayer escribí la entrada anterior. Llevo más de una semana ardiendo en la hoguera de los recuerdos amontonados. No hay nada como perder la vida anterior para que todo te vuelva en forma de bola pegajosa de talla impresionante. No suelo ser demasiado sentimental, lo justo creo. Hoy hecho de menos hasta las cosas malas y a mi perro, del que no volveré a ver el pelo nunca, si mis conjeturas sobre el rencor ajeno son ciertas. Creo que hoy tocará pasear el pijama por la casa de nuevo, me resisto a llegar a la victoria con ayuda manufacturada en un laboratorio, espero lograrlo con una paja, un cola-cao caliente y bajo una sabana salvadora que en vez de auyentar monstruos infantiles sea barrera para los parajes de vida pasada.

MONTSE

Montse, me has llamado hoy para preguntarme que ha pasado con la historia de mi tío y con los escritos, sé que le echas de menos un montón aunque no me lo digas. Sobre mi tío, sigue pendiente la charla de mi abuela, aunque va adelantando capítulos, no sé si la historia será impresionante, lo que si que mi abuela tiene mucho que contar, supongo que servirá de catalizador, punto de fuga para mi también como sueles decir.

Las poesías, están entregadas al editor la selección que he hecho, ¿criterio? las anotaciones que me he encontrado, cual mapa del tesoro muy claritas. Hay incluida una sobre ti, supongo que sabrás que también hay dos novelas acabadas escritas a ordenador, con ilustraciones y todo. Te he reconocido escondidas entre las frases de las dos. Te hará llorar pero, te quería mucho... y a mi también, esas dos historias son las culpables de toda esta inestabilidad, aunque siempre fluctué, ahora son mayores las olas que se ciernen sobre mi.

Montse, vuelve, necesito el calor de tu aliento, el monotono de tu voz tranquila, la caricia de tus ojos arena. Algo que se apaga tantas veces debe estar estropeado.

No hay comentarios: